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LOS SERES HUMANOS... ¿SABEMOS LO QUE BUSCAMOS?

Ayer vino una mujer a una sesión de autoliderazgo asistido con caballos. Venía buscando ese estado de conexión y atención desde el que sabe que da lo mejor de sí misma, un lugar de plenitud que en alguna ocasión ya había experimentado. Así que le invité a permanecer en el mismo espacio que los caballos, simplemente estando, sin pedirles nada, sin expectativas.
Comenzó a sentirse impaciente, quería ir hacia los caballos, tocarles. Los caballos estaban atentos a nosotras sintiendo nuestro estado de ánimo, nuestra energía y percibiendo nuestro lenguaje no verbal.
Le ofrecí la posibilidad de que fueran ellos quienes se acercaran a nosotras…

Me insistía en que ellos no iban a venir, que estaban tranquilos a su aire pastando. Le animé a que permaneciera dónde estaba y que conectara con la emoción que estaba sintiendo, que pusiera la atención en esa parte de su cuerpo que notaba con mayor intensidad, permitiéndose sentir lo que estaba sintiendo, entrando en coherencia con ella misma y me dijera qué textura tiene esa emoción, qué color, olor, sabor, me comentó que la emoción se estaba disolviendo. Estaba tomando consciencia de lo que le sucedía internamente.

Se nos ha enseñado a quitar las emociones “negativas”: no llores que si no vas a parecer una chica, no te enfades, que te pones horrible, no tengas miedo tienes que ser valiente, no, no, no, no…. Pero resulta que en las emociones yace un potencial impresionante y si no te permites sentirlas, las vas guardando como pelotas bajo el agua, que antes o después saldrán a la superficie como bombas de relojería o se transforman en enfermedad.

Este es un ejercicio que te lleva a estar en el presente aquí y ahora, a que estés en el cuerpo, a conectar con tus emociones y con lo que sientes. Las emociones son el lenguaje del corazón. Se nos ha enseñado que el pensamiento es lo más importante, de hecho la mayor parte del tiempo si te fijas nos lo pasamos en la cabeza, nos identificamos con el pensamiento, creemos que somos el pensamiento, no hay una conciencia que sabe que esto es un pensamiento.

Tras realizar diferentes actividades interactuando con el caballo, fue fascinante observar en qué momentos estaba conectada consigo misma y cuando no. Cuando lo estaba se le percibía fuerte y clara por dentro, amable y firme hacia afuera; y el caballo cooperaba. Los caballos siempre están en el cuerpo, aquí y ahora, atentos tanto a lo que les ocurre internamente como con el entorno.

En cuanto gobernaba el intelecto o la mente pensante, el caballo se iba. Por supuesto, el intelecto es útil dado que nos permite funcionar en el mundo. Los problemas surgen cuando el intelecto nos controla y llegamos a identificarnos con él hasta el punto de perder de vista todo lo que está más allá de su campo de compresión.        Y claro que podemos seguir utilizando la mente muy eficazmente, ésta enseñanza lo que te muestra es que tienes la capacidad de ir más allá del pensamiento.

Y el objetivo era precisamente eso, que esta mujer, permaneciera en el presente, en coherencia con lo que sentía y entrara en ese espacio abierto de conciencia, tal como lo hace la propia naturaleza.
Porque esto es lo que te pide el caballo y es lo que ella venía buscando, conectarse con quién realmente es, con su esencia verdadera, ese estado de conexión y atención desde el cual sabe da lo mejor de sí misma. En ese espacio interno nos sentimos en dicha, en paz, libres, seguros de nosotros mismos y confiados.


Ya hay muchas personas despertando a la dimensión de lo que realmente somos, dándose cuenta que dentro de cada uno de nosotros hay un espacio mucho más profundo, que el incesante flujo de pensamientos con el que la mayoría se identifica. Es un trabajo interno. Porque si realmente queremos un cambio profundo, un cambio verdadero, hemos de comenzar por nosotros mismos. A medida que llevas a cabo ese cambio interno, automáticamente estás generando ese cambio externamente porque tu percepción cambia, tu modo de ver las cosas cambia.



“Al terminar me sentí como si hubiese corrido una maratón...exhausta y feliz.
Conectando con mi interior, con mis emociones, surgió una atención plena que englobaba tanto mi interior como el exterior (ruidos lejanos, sonidos cercanos, hojas, árboles, colores, el verde, la tierra húmeda...). 

Curiosamente fue en ese preciso momento, no antes, cuando los caballos interactuaron; hablábamos el mismo lenguaje"
Octubre 2017. Eva Rodríguez Cid. Arquitecta y asesora Passivhaus www.instagram.com/solanaarquitectura/


Marianne Gómez Schmidtke

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