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¿POR QUÉ NOS CUESTA PERCIBIR LA PERFECCIÓN?

Nos cuesta percibir la perfección porque para el intelecto o mente pensante nada es perfecto porque tiene una larga lista de lo que está bien y otra larga lista de lo que está mal, que ni siquiera son propias, son solo ideas que provienen del ámbito en que nacimos, provienen de la memoria, del recuerdo, es decir, pensamos desde el pasado. Es una lista de dichos que dijeron nuestros abuelos, el cura, la profesora, la sociedad…, que pasaron a nuestros padres y nuestros  padres nos las pasaron a nosotros y simplemente las repetimos y que nunca nos hemos cuestionado y con ello hemos creado una ilusión de separación.
Y a medida que te vas adentrando en conocerte, vivir más en el presente y expandir la conciencia, vas a empezar a ver que ninguna de ellas son reales, que lo único real es la conciencia del momento presente.

Aunque no nos percatemos de ello, nos pasamos el día etiquetando lo que está mal o bien, comparando, juzgando, analizando y este acentuar las diferencias entre las cosas, hace que nos sintamos separados de todo y de todos los demás.

Desde muy pequeños aprendimos a poner la atención en lo que no queremos, en lo que nos falta, en lo que rechazamos o juzgamos ya sea con nosotros mismos o con los demás. Debido a ello, a medida que maduramos y nos volvemos adultos, acumulamos tantos miedos y limitaciones que comenzamos a ver las cosas tal como nos vemos nosotros. Hemos de darnos cuenta que lo que vemos afuera es nuestra propia proyección.
Es como si  estuviéramos mirando a través de una ventana y a medida que vamos creciendo las experiencias que tenemos comienzan a manchar la percepción. Sólo cuando comenzamos a limpiar la ventana a través de la cual percibimos nuestra vida, podemos comenzar a ver la perfección en todo. Porque vamos a comenzar a dejar ir los juicios internos y a medida que los juicios internos disminuyen también ocurre con los juicios externos.


Y es un proceso, no es una idea o un concepto en el que dices esto más esto es igual a perfección. Sino que comienzas a darte cuenta que todo lo que ves afuera también lo eres tú.


Es una experiencia de totalidad, de unidad que comienza a desplegarse, YO SOY EL MUNDO en lugar de YO PERCIBO EL MUNDO.

El tema es que no sabemos cómo somos, tenemos sólo un concepto de nosotros. Si le pido a alguien que se describa a sí mismo, lo primero que hará será decirme lo que hace: “hago esto, esto y entonces soy esto”. Pero en realidad no tenemos ni pajotera idea de quiénes somos.



Así que a media que comenzamos a estar más presentes y a expandir nuestra conciencia, empezamos a descubrirnos y a vernos claramente a través del otro. De manera que cuando te molesta algo en el otro, te das cuenta que es un aspecto tuyo que estás negando y te dices: “No soporto la gente que hace eso     ¡Ah, yo hago eso!”
Y también empiezas a ver esto otro: “Qué bonito es eso, no me di cuenta que yo también soy así ¡Ah, soy así!“
A medida que evolucionamos vamos a seguir viendo cosas: “Ah, esto me lleva al sufrimiento, son lugares que no me llevan a experimentar paz, las puedo empezar a dejar ir”,  “Esto otro sirve me trae dicha, felicidad”. Llega un punto en el que la conciencia atestigua la mente y la mente se pone a su disposición.
El corazón se convierte en el maestro.
Cuando te adentras en un proceso de crecimiento y expansión de tu conciencia, comienzas a experimentar  aspectos de la totalidad, de la unidad: los juicios comienzan a disolverse. Comienzas a percibir de manera diferente según vas removiendo tu estrés y las cosas dejan de molestarte como antes.
Y en algún punto, cuando esto sucede, vas a poder ver que cuando estás lleno de estrés, las limitaciones, el ego, los dolores, los dramas, la depresión y todas esas cosas que te han sucedido, te manejan como un  titiritero.
Y ya no queremos eso, queremos entregarnos al momento, conocer quiénes somos, confiar en nuestra experiencia, fluir con eso sin el miedo del pasado ni del futuro.
Desde aquí  podemos elegir por quién queremos ser guiados, por quién realmente somos o por todo lo que nos sucedió anteriormente en nuestras vidas.
La conciencia, es quién realmente somos, es nuestra naturaleza verdadera, es el corazón.
Sólo la conciencia plena sabe de la perfección, porque sabe que la experiencia humana es una ilusión de dualidad.
Bibligrafía: Isha, la expansión de la conciencia.

Para que puedas ir descubriendo quién realmente eres te acompaño a través de un proceso combinando sesiones de Coaching Asistido Caballos y sesiones por skype a que conectes con tu naturaleza verdadera:
Es un sistema que te lleva a ser consciente de ti mism@, te lleva a ver tus apegos, tu autosabotaje, lo que te frena, aquello que te mantiene en el miedo y en la limitación.  Es un sistema que te ayuda a ver lo que ya no te sirve para que puedas soltarlo, dejar ir y hacer nuevas elecciones. Aprendes a discernir entre aquello que te es útil, trae alegría y bienestar y lo que no te es útil que te trae resentimiento y sufrimiento. Te ves en acción, te permite ver lo esencial en ti mism@, tomas total responsabilidad por tu propio bienestar y amarte sin condiciones, más allá de los logros.

Enfocado a adolescentes y adultos


Marianne G.S. 


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